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Tu empresa no depende de personas. Depende de posiciones.

Foto del escritor: tmatchmx/HDT
tmatchmx/HDT
24 sept
3 min de lectura

Por qué cada puesto clave necesita un relevo formado, y cómo medir si de verdad lo tiene.


Toda organización tiene una lista corta de puestos que la sostienen. No son necesariamente los más altos en el organigrama: son los que, si mañana quedan vacíos, detienen algo. El que cierra la nómina. El que conoce a los clientes grandes por su nombre. El que sabe dónde está cada contrato. El que resuelve cuando la línea se para a las once de la noche.

Casi todas las empresas saben quiénes son esas personas. Casi ninguna ha escrito qué exige el puesto que ocupan, y casi ninguna tiene a alguien formado para cubrirlo si el titular falta sin aviso.


El problema no es la persona, es que el puesto vive en su cabeza

Cuando una posición clave depende de la memoria de quien la ocupa, la empresa tiene un pasivo que no aparece en ningún estado financiero. Se paga el día que esa persona renuncia, se enferma, se va con la competencia o simplemente se toma tres semanas de vacaciones. Y se paga caro: decisiones que se posponen, clientes que no reciben respuesta, errores que nadie detecta porque nadie más sabía qué revisar.

La solución es conocida y barata. Se llama relevo formado, y en las empresas grandes donde trabajé durante tres décadas era una regla, no una opción.


Tres cosas que hay que escribir antes de formar un relevo

Primero, qué hace realmente el puesto. No la descripción de funciones que se redactó para el expediente, sino las actividades que ocupan la semana de quien lo sostiene y las decisiones que sólo esa persona toma.

Segundo, qué perfil exige. No en adjetivos, sino en conductas observables: qué debe poder hacer alguien en esa silla, con qué nivel, y cómo se comprueba.

Tercero, quién es el segundo a cargo y qué tanto cubre. Aquí es donde la mayoría se detiene, porque la respuesta suele ser incómoda: hay puestos donde el relevo cubre el treinta por ciento del trabajo y nadie lo ha dicho en voz alta.


Medir la complementariedad, no la simpatía

Un titular y su relevo no necesitan llevarse bien; necesitan complementarse. Si los dos son buenos para lo mismo y malos para lo mismo, la posición sigue descubierta aunque haya dos nombres en el cuadro. Por eso conviene medir la cobertura conjunta del puesto: qué porcentaje de lo que la posición exige queda garantizado si el titular no está, y qué se hace con la brecha. A veces la respuesta es formación; a veces es apoyo de otra área; a veces es cambiar al relevo.


Lo que cambia cuando esto existe

La dirección deja de tener miedo a las renuncias. Las vacaciones dejan de ser una crisis. La incorporación de alguien nuevo tarda horas, no meses, porque el puesto ya está escrito. Y la persona que hoy sostiene la posición, lejos de sentirse amenazada, suele agradecerlo: por primera vez alguien puso por escrito lo que carga.

Es la lógica con la que en La Colmena instalamos estructura: cada posición con su titular, su relevo formado y su medida. No es teoría de libro; es lo que evita que una empresa dependa de la buena salud de cinco personas.


Alejandro Herrera Cobos · Socio fundador de HDT-RH Consulting · Socio consultor de La Colmena



 
 
 

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